El polémico derribo de la Puerta de Bib Rambla (por Amanda Martínez)

El polémico derribo de la Puerta de Bib Rambla

 

El polémico derribo de la Puerta de Bib Rambla

La mirada romántica de David Roberts inmortalizó uno de los más bellos monumentos del pasado nazarí de Granada. Los grabados que el genial artista dedicó a la Puerta de Bib Rambla se convirtieron en la mejor promoción que una ciudad podía desear. Pero lo que causó fascinación a aquellos viajeros románticos era al mismo tiempo visto por las autoridades granadinas como una reliquia del pasado que entorpecía la modernización de la ciudad. Había que demolerla para crear una Granada a la altura de las grandes ciudades europeas.

El Arco de las Orejas

 La de las Manos u Orejas, la de los Cuchillos o de las Pesas; la de Bibarrambla o de Bibalfarax (puerta del Caballo, el nombre por el que los árabes conocían a la calle Salamanca) había llegado casi intacta hasta el siglo XIX. Sus arcos, las impostas labradas sobre el mármol de Elvira, las piedras que lo construían y cada uno de sus detalles, contaban la historia de esta ciudad. “El arco se abrió en una muralla que ya existía en el s XI, obra de los ziríes”, cuenta el profesor de la Universidad de Granada Juan Manuel Barrios Rozúa, autor del libro “La Granada Desaparecida”. Entonces, Bib Rambla era un mercado de verduras y junto a ella estaban la carnicería, pescadería, el mercado de la seda, el zoco, la mezquita mayor…Y un trazado laberíntico de calles por el que bullía la vida de una ciudad en su momento de esplendor.

Tanto Manuel Gómez Moreno, que defendió el Arco de la piqueta desde su posición de miembro del Consejo de Monumentos, como Francisco de Paula Valladar, comparaban “la construcción valiente y atrevida” de esta puerta con la de la Justicia de la Alhambra. “Abríase en el fuerte muro un gran arco de herradura algo apuntado, de altura aproximada de 10 metros desde el suelo a la clave”, describe el fundador de la revista Alhambra en su “Guía de Granada”.

A partir del reinado de Juana la Loca, la plaza Bib Rambla comienza a cambiar su fisonomía. “Hasta entonces había sido una explanada amplia, rodeada de casitas bajas, con el mercado de campesinos de la Vega de puestos de cañizo de telas” continúa el profesor Barrios Rozúa, “y se convierte en la plaza mayor de Granada, donde se celebran fiestas, autos de fe, corridas de toros o juegos de cañas”. Para dar más solemnidad al lugar, se rodea de edificios de más altura con soportales y balconadas con vistas a la plaza y paredes adosadas a la antigua muralla de la Medina. La puerta de las Orejas, también iba cambiando. Dónde antes se había lucido con orgullo las orejas de los malhechores se colocó un lienzo de la Virgen de la Rosa y se habilitó una capilla donde se celebraban misa los domingos y festivos.

El destructor siglo XIX

No ha habido centuria más catastrófica para el patrimonio granadino. La Guerra de la Independencia había dejado vacías las arcas municipales y el patrimonio histórico es el más resentido. También se abandonan casas moriscas y corrales de vecinos que se caen sin que nadie se interese por frenar su deterioro. Para sanear sus arcas, el Estado inicia la desamortización y conventos e iglesias pasan a manos particulares que especulan con los terrenos y, para colmo, las autoridades y la nueva clase burguesa quieren “europeizar” Granada. La nueva filosofía urbanística imponía unas reglas clásicas, simétricas, un lenguaje cosmopolita y ecléctico de amplias calles y fachadas alineadas. Se emboveda el Darro, de destruye la Medina para construir la Gran Vía y ese Arco que a duras penas aguantaba en la calle Salamanca sencillamente, era considerado feo y un estorbo, explica Barrios Rozúa.

“Se quiere regularizar el trazado de Bib Rambla y las calles adyacentes y eso pasaba por eliminar el pasado musulmán”, explica Ángel Rodríguez, responsable del equipo de arqueólogos que trabaja en la excavación de la calle Salamanca y autor de, entre otros, del libro “La Granada arqueológica”. “Por otro lado, la estructura de la puerta estaba muy alterada, los vecinos habían ido ganando terreno al monumento para dar más amplitud a sus negocios y su falta de estabilidad fue la excusa para proceder al derribo”, comenta el arqueólogo.

Una larga agonía

Prácticamente en ruinas y abandonada a su suerte, era “bochornoso el estado de suciedad en que se halla, en cuyo interior se deposita basura y animales muertos que desprenden emanaciones pútridas y un olor insoportable” denunció El Defensor el 2 de julio de 1884, días antes de su demolición. Pero los granadinos no quieren perder el monumento y, como explica Rodríguez, “la defensa del Arco se convierte en un hito en la protección del patrimonio a nivel nacional”. Ante el primer intento de su derribo, allá por el 1873, se opone el presidente de la República Pi y Margall, escritor e intelectual vinculado a Granada. El gobierno central la declara Monumento Nacional y encarga a la Comisión de Monumentos que vele por su futuro. Así pasan once largos años de tira y afloja demostrándonos que las relaciones del ayuntamiento de Granada con el ministerio de Fomento, era responsable de la Comisión, nunca han sido fluidas. Finalmente, en 1884, aludiendo a motivos de salubridad y seguridad y ante el estupor de todos, la puerta se derriba.

Un futuro para el patrimonio del pasado

Hace unos días se conocía la noticia del hallazgo de restos de la antigua puerta de Bib Rambla y de cimientos de la muralla de la Medina al-Garnata. Restos que “permitirán conocer con más precisión la cronología del arco, su uso como sistema defensivo y cómo se relacionaba con las murallas de la ciudad”, explica el arqueólogo Ángel Rodríguez.

“Estos vestigios son muy interesantes para conocer un poco más sobre la historia del Arco de las Orejas, pero también sobre la historia de esta ciudad”, asegura Reynaldo Fernández Manzano, director del Patronato de la Alhambra, organismo que asumirá el coste de la ampliación de la excavación, que se pretende que continúe en breve y que se prolongará durante unas tres o cuatro semanas.

Por las circunstancias de su derribo, nunca se había realizado hasta ahora un estudio arqueológico de la puerta. “Sabíamos que el arco estaba allí, pero no el lugar exacto”, continúa Fernández Manzano. Una vez concluido el trabajo de campo, el Patronato pretende publicar una monografía que recoja las conclusiones de la excavación y “mantener los restos en el lugar donde han aparecido, un lugar protegido que es reserva arqueológica”.

En 1935, el arquitecto municipal Torres Balbás reconstruyó el Arco de las Orejas en el bosque de la Alhambra, donde aún continúan. “Lo ideal es que no se hubiera derribado en su momento, pero se ha musealizado en un espacio muy digno, está cuidado, iluminado y volver a la imagen que el espacio tenía en el siglos XIX, es inviable”, concluye el director del Patronato.

Otra solución es la que ha planteado la Asociación Oppidum Eleberis, que ha solicitado a Cultura que estudie la posibilidad de trasladar la histórica puerta a la plaza de Bib Rambla, no en su lugar original, si no en una zona próxima a Zacatín: “queremos que se estudie esta posibilidad, sería un proyecto aceptado por la población”, dice Narciso R. Crespo, coordinador del colectivo que reclama “un plan director de las murallas históricas de Granada, para que no se improvise cada vez que se encuentre algún resto de muralla y se sepa cómo actuar, que se pongan en valor, que se integren en el edificio dónde se han encontrado y que puedan ser visitados, como dice la ley de patrimonio”.

Los vestigios encontrados hace unos días en la excavación de la calle Salamanca han removido el pasado para traer de nuevo a la actualidad a este Arco de las Orejas y al debate que suscitó su derribo. “El amor a la historia y al arte ennoblece a los pueblos dignos e ilustrados” defendía el periódico “El Independiente” el 3 de mayo de 1873 cuando comenzó el largo camino que llevó a su fin.

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