Martínez Montañés: aprendiz, genio y maestro en el Santo Ángel

Martínez Montañés: aprendiz, genio y maestro en el Santo Ángel 

 En el Santo Ángel se dan cita un Cristo de Pablo de Rojas, otro de Montañés y otro de Juan de Mesa
 
JAVIER MACÍAS,  

Corría el año 1617. Sevilla era la capital de Europa, la metrópoli donde se movía el dinero. La zona de la Magdalena era el epicentro del arte. En este barrio nacía y se bautizaba Murillo y, por entonces, allí tenía el taller desde hacía 15 años Juan Martínez Montañés, que llevaba tres años casado y tenía 49 años. En ese tiempo, Juan de Mesa tenía ya su propio taller a los 34 años. El triunvirato lo completaba Francisco Pacheco, que tenía 53 años y que era íntimo amigo del escultor de Alcalá la Real. Todo aquello ocurría muy cerca de la calle Rioja.

En este contexto hay que mencionar a fray Luis de la Cruz, rector de los Carmelitas Descalzos e íntimo amigo de Pacheco y Montañés, «quien posiblemente sea el causante de lo que aquí vemos hoy». Lo cuenta así el fray Juan Dobado en la inauguración de la muestra «Presencia», que ha reunido en el Santo Ángel tres obras de máxima calidad contextualizadas en la vida de Martínez Montañés, con motivo de los 400 años de su crucificado de los Desamparados. Desde este viernes, se pueden admirar en el templo carmelita al Cristo del Seminario Mayor de Granada, obra de Pablo de Rojas -maestro de Martínez Montañés- y al Cristo de la Agonía de la localidad guipuzcoana de Vergara, de su discípulo Juan de Mesa. Tres crucificados con los que, además, se aprecia la evolución desde el renacimiento al barroco.

Dobado explica que Montañés ya había realizado dos retablos para el Santo Ángel de cara a su inauguración en 1608. En 1617 talló el imponente crucificado que, desde entonces, recibe culto en la capilla sacramental. Un Cristo que no fue concebido para salir en procesión, a pesar de que durante 17 años salió en el paso de La Lanzada y que, este año, el 10 de junio, volverá a salir sobre el paso de San Bernardo con motivo de su aniversario.

Todo lo que hubo en este templo de Montañés y Pacheco desapareció o se encuentra repartido por la geografía española, a excepción del crucificado. Como joya central de esta orden religiosa, la comisión formada al efecto para celebrar el 400 aniversario decidió disponer a estas tres imágenes juntas y mostrar a Martínez Montañés como aprendiz, como genio y como maestro. «Un homenaje sencillo pero intenso», lo define Juan Dobado, bajo el nombre de «Presencia», con la curiosidad de que ninguna de las tres imágenes sale en procesión.

Montañés fue aprendiz de Pablo de Rojas en Granada en una etapa difícil de reseñar, en torno al año 1580, precisamente cuando el escultor granadino realizó el Cristo del Seminario. Montañés marchó para Sevilla donde admitió en su taller al joven Juan de Mesa, quien realiza allí obras independientes entre 1610 y 1615, año en que se independizó.

Pablo de Rojas: el Cristo del Seminario (1580)

Santo Ángel. Exposición

El crucificado de Pablo de Rojas / M. J. RODRÍGUEZ RECHI

Galería de imágenes, Manuel Jesús Rodríguez Rechi: http://cofrades.sevilla.abc.es/photo/albums/cristo-del-seminario-de-granada

Durante la visita a la muestra, el historiador José Roda Peña fue el encargado de describir esta impactante obra procedente de la capilla del Seminario Mayor de la diócesis de Granada. «Pacheco, en el arte de la pintura, es el que nos brinda la noticia fehaciente de que Martínez Montañés estuvo en el taller de Pablo de Rojas (patriarca de la escuela escultórica de Granada)». Para el historiador, esta muestra «ilustra a la perfección el tránsito entre el final del renacimiento, impregnado de Italia, y los inicios del naturalismo, que culminará con Juan de Mesa».

Sobre la imagen de Pablo de Rojas no existe documentación, aunque la autoría está casi confirmada a principios de la década de 1580. Roda Peña lo describe como un crucificado«muerto, que ilustra los conceptos del recién concluido Concilio de Trento, que es dogmático, ejemplificado con un contraposto clásico. Este Cristo anticipa soluciones estéticas realistas como un sudario ceñido con cuerda. Soluciones que llevará a su máximas consecuencias Juan de Mesa».

Martínez Montañés: el Cristo de los Desamparados (1617)

Santo Ángel. Exposición

Cristo de los Desamparados de Montañés / M. J. RODRÍGUEZ RECHI

Galería de imágenes, Manuel Jesús Rodríguez Rechi: http://cofrades.sevilla.abc.es/photo/albums/cristo-de-los-desamparados

 

El propio Juan Dobado fue el encargado de definir esta talla, «que supone el último gran crucificado de Montañés». Al contrario que el Cristo de la Clemencia, este crucificado está muerto y tiene tres clavos. El IAPH devolvió toda la calidad a la imagen, y descubrió los regueros de sangre del costado, «que mana a borbotones y se introduce en el paño de pureza y cae en la pierna derecha». Para Juan Dobado, «el paño de pureza es uno de los elementos que llaman mucho la atención en esta versión definitiva de Montañés».

Juan de Mesa: el Cristo de la Agonía (1626)

Santo Ángel. Exposición

El Cristo de la Agonía / M. J. RODRÍGUEZ RECHI

Galería de imágenes, Manuel Jesús Rodríguez Rechi: 

http://cofrades.sevilla.abc.es/photo/albums/cristo-de-la-agon-a

 

Esta imagen, tallada por Juan de Mesa para la parroquia de San Pedro de la localidad de Vergara, ha sido traída a Sevilla para ser restaurada en el IAPH, que le ha practicado una limpieza superficial y que, una vez concluya la exposición a finales de abril, acometerá una restauración exhaustiva durante siete meses. Explicaba el historiador del Instituto Gabriel Ferreras a ABC que esta talla tiene la policromía quemada al haber tenido una fuente de calor muy cerca, un foco. Esta imagen, que nunca ha sido restaurada, presenta pérdida de piezas en la corona de espinas, que es similar a la del Gran Poder (una serpiente anudada en la cabeza), así como un cordón del sudario, que hay que reponer.

Gracias al deán de la Catedral de San Sebastián y responsable de patrimonio de la diócesis, el padre Koldo, y el párroco de San Pedro de Vergara, el padre Jon, esta imagen permanecerá en Sevilla durante todos estos meses. Según el catedrático de historia del arte de la Universidad de Córdoba Alberto Villar Movellá, «Montañés se daba ya suficientes aires, era tremendamente soberbio (con razón). Juan de Mesa era lo contrario, debía tener su corazoncito pero estaba con Montañés porque sabía que era el más grande. Luego ya montó su taller…».

Con estas imágenes, según este catedrático, se aprecia la «evolución del gusto: allí tenemos Italia (la imagen de Pablo de Rojas), aquí en medio el manierismo de Montañés (el Cristo de los Desamparados) y aquí, un realismo que se pasa al pueblo, que llamamos barroco (aunque no se confirma hasta la segunda mitad del XVII). Pero esto es antes, tiene que haber siempre una yema que rompa, y Mesa se adelanta tanto que a los intelectuales les cuesta entenderlo porque hace imágenes para el pueblo, arte para las cofradías. Un sentido cercano y tangible». Villar lo define como «la realidad unida a la teatralidad. El sentido de la representación. La imagen es como un actor congelado en la madera para poder mirarlo siempre».

Así es el Cristo de la Agonía, «sin el ideal montañesino sino con la fuerza dramática, los músculos tensos». Sin embargo, para este catedrático, «aquí hay escuela en estas tres imágenes que nos habla de un Juan de Mesa integrado. No sabemos si conoció a Rojas. Con Alonso de Mena (discípulo de Rojas) sí coincidió porque durante la etapa oscura de su vida tuvo que estar por Granada, antes de venir a Sevilla porque era la ciudad más importante de Europa».

Sobre Pacheco, Villar Movellá dice que «no entendió a Juan de Mesa, y lo sabemos porque ni lo mencionó. Para él sólo existía Montañés». En aquella época, las imágenes las policromaban los pintores, «que eran los elegidos en el arte, ya que los escultores eran operarios y estaban regularmente vistos». Si Pacheco era el pintor de cabecera de Montañés, Juan de Mesa tendría que tener otro «más de pelo moreno». He aquí la diferencia en las policromías de las tallas de ambos escultores. «A Mesa lo olvidaron porque eso era un arte que querían las cofradías. Los intelectuales no lo admitían porque era demasiado real, avanzado y teatral y ellos estaban anclados en el idealismo del Renacimiento».

Capilla del sagrario

En la muestra hay otra parte en la que aparecen tres pequeños crucificados de marfil. El del centro es una imponente pieza de finales del XVII tallada en Italia, que está escoltado por otros dos cristos indofilipinos de la misma época.

Juan Dobado ofrece un detalle donde se aprecia el nivel de estos artistas: «Montañés era hermano de la Virgen de la Granada, que contaba con hermanos muy selectos. Esos miembros de la corporación tenían todos en su biblioteca “La noche oscura” de San Juan De la Cruz , la primera edición de su obra. Qué curioso, el mismo año que ven a la luz sus obras todos tienen ese libro. No sé si aquí habrá algo…».

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