El Prado descubre un ‘goya’ guardado décadas en el museo de Zaragoza

El Prado descubre un ‘goya’ guardado décadas en el museo de Zaragoza

‘El éxtasis de San Antonio Abad’ fue adquirido por la institución en 1925 y se desconoce su procedencia anterior. Manuela Mena, experta en el pintor aragonés, avala la atribución
'El éxtasis de San Antonio Abad'.
‘El éxtasis de San Antonio Abad’.

Que Goya no deja de sorprender, no es un comentario de un guía durante una visita a un museo. Es una realidad: este miércoles se confirma la autoría de una nueva obra del Museo de Zaragoza, la semana pasada apareció una inscripción que da título a uno de sus dibujos que se conserva en el Museo del Prado. “No a todo conviene lo justo”, reza. Y justo es que El éxtasis de San Antonio Abad o Muerte de San Antonio Abad (datada entre 1780 y 1781), atribuido indistintamente, según épocas, a Manuel o a Francisco Bayeu, incluso, al propio Goya —según afirma María Luisa Arguís, conservadora de Bellas Artes de la institución—, se haya presentado este miércoles en el museo por el presidente del Gobierno de Aragón Javier Lambán como obra de Francisco de Goya (Fuendetodos, Zaragoza, 1746-Burdeos, 1828).

El acto ha estado avalado por Manuela Mena, jefa de conservación de Pintura del Siglo XVIII y Goya del Prado, y por Almudena Sánchez, restauradora de la pinacoteca, que ha trabajado de tú a tú con la obra del maestro aragonés. En palabras de Ignacio Escuín, director general de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón, esta mañana, Sánchez “ha dado una lección de restauración” cuando ha explicado los procesos que se han llevado a cabo en el Prado desde otoño de 2015 hasta el pasado 3 de mayo, cuando el goya volvió a Zaragoza. Aunque en buen estado de conservación, la pintura necesitaba una limpieza, estaba muy oscura por la evolución de los materiales. Además, ha comentado que el lienzo conformado por dos trozos de tela cosidos —costura que se puede apreciar tanto en el reverso como en el anverso del cuadro—, lo que prueba que la obra fue realizada por Goya para alguien de su confianza y no para su venta. Quizá para un oratorio, por los restos de cera que tenía, ya que su pequeño tamaño (77 x 55,5 centímetros) no es adecuado para una iglesia. El reciclaje de los materiales era una práctica habitual en este pintor, y en otros de la época, incluso cuando trabajaba en la corte. Y tampoco es extraño que no firme las obras, comienza a hacerlo en una época posterior, cuando ya es totalmente consciente de su relevancia.

Las sospechas de los técnicos del Museo de Zaragoza de que la obra era “muy buena” eran fundadas: “por el tipo de pintura, por el trazo, por el uso de los materiales, todo era muy cercano al pintor de Fuendetodos”, aseguraba Escuín. Además, hay una obra muy similar con el mismo título, atribuida sin duda a Goya que permanece en Madrid, en una colección particular. A ese buen pálpito se unió el de Mena cuando vio el cuadro. Una pintura que siempre ha estado colgada en el museo pero que en ese momento se encontraba en almacenes -donde la vio la experta del Prado- porque había obras en una calle cercana al centro y retiraron las piezas de ese ala para que no sufrieran por las vibraciones.

Tras los análisis y los trabajos realizados en el taller de restauración del Prado la duda ya no cabe. Una vez limpio el cuadro, Mena alega que es similar a la obra realizada por Goya diez años antes en Roma copia de una pintura de Corrado Giaquinto y hoy en una colección particular. La mayor especialista en este pintor destaca detalles goyescos como la hábil y precisa mano que da las pinceladas de los libros, la vasija y el crucifijo; la composición anatómica del ángel que muestra la tensión en los dedos de los pies y la enajenación en el gesto de su rostro con la boca abierta, solucionado en unas cuantas pinceladas maestras del pintor.

Este San Antonio Abad aumenta la ya numerosa colección de goyas —un total de 18 lienzos y multitud de obra gráfica— del Museo de Zaragoza, una de las más importantes de España junto con la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, por supuesto, por detrás del Prado. La institución aragonesa, además, presentaba este miércoles una reestructuración del discurso museológico de las salas dedicadas a quien, como ha dicho su director, Isidro Aguilera, es el aragonés más universal. Ahora el recorrido es cronológico, temático y técnico y el nuevo goya engrosará las colecciones de la etapa de Madrid coetánea a los tapices.

Solo queda un detalle: que Ceres, el catálogo online del ministerio de Cultura en el que se pueden consultar gran parte de las colecciones pertenecientes a los museos estatales, actualice tanto la fecha como el autor de esta obra.

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