Opinión.- Carlos Serra: El desprecio por los alumnos de la nueva pedagogía

El desprecio por los alumnos de la nueva pedagogía

Una mujer acompaña a dos alumnos de un colegio de Mallorca. E. M.

Problema. Unas gafas cuestan 185 euros más que su funda. Las gafas y la funda cuestan 235 euros. ¿Cuánto cuestan las gafas? Respuesta. «Las gafas cuestan 235 euros porque la funda siempre se regala». La respuesta no la daba un «creativo» alumno de Primaria sino aspirantes al cuerpo de maestros en las pruebas de oposiciones celebradas en Madrid en el año 2011. Los mismos aspirantes que ante otra pregunta acerca de la clasificación de los animales respondían que «el caracol es un… crustáceo», «la gallina es un… mamífero», «el gato es un… astuto», «la serpiente es una… peligrosa» o «el gavilán es un… viajero». Los mismos aspirantes que escribían «Nabarra», «Valladoliz», «conduzta», «aprendizage», «gerarquía» o «conpetencias». Los mismos aspirantes que señalaban que «los ríos Duero, Ebro y Guadalquivir pasan por Madrid».

Estamos hablando de aspirantes a maestros incapaces de superar pruebas diseñadas a partir preguntas con las que habitualmente se examina a estudiantes de Primaria. Y es que la educación pública española se desmanteló hace tres décadas cuando la nueva pedagogía logró que la información sustituyera a los conocimientos y la prédica militante desplazara a la formación académica.

Desde entonces, el gran problema al que se han enfrentado todos los gobiernos post-LOGSE ha sido el de tener que forzar los hechos para adaptarlos a esta nueva ideología, pese a la penosa realidad de los resultados académicos derivados de una concepción de la educación en la que la instrucción ha pasado a ser juzgada como reaccionaria.

Que el desprecio por los conocimientos marca la pauta de la nueva pedagogía lo prueba el hecho de que ya no se ponga a los más preparados al frente del sistema educativo. Que el desprecio por los alumnos está en la genética de la nueva pedagogía lo prueba el hecho de que éstos han sido reducidos a mera estadística. Que la desnaturalización de la función docente ha sido objetivo prioritario de la nueva pedagogía lo prueba el hecho de que esta profesión ha sido hiperburocratizada e hiperauditada, en dirección contraria a la obtención de resultados académicos. Que la politización de la escuela pública es estructural lo demuestra el hecho de que ningún político está por la labor de atreverse a sustituir el actual marasmo escolar por un sistema exigente donde prime el esfuerzo.

Los partidos políticos han logrado eliminar de la escuela pública lo que tradicionalmente había sido su objetivo principal: favorecer la promoción social de los más desfavorecidos. Entre ambos, escuela y Gobierno, se da ahora una extraordinaria connivencia clientelar: tú me das fondos, yo te preparo a los votantes.

Es la grieta por la que se cuela el adoctrinamiento.

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