Magallanes y Elcano: a vueltas con la primera vuelta al mundo

Magallanes y Elcano: a vueltas con la primera vuelta al mundo

 
Mapa de la ruta de Magallanes de uno de los atlas de Battista Agnese (1544). BIBLIOTECA DEL CONGRESO DE EE UU
Magallanes y/o Elcano? Los expertos no tienen dudas: la primera vuelta al mundo fue sin querer, por un cúmulo de casualidades y desgracias. “Magallanes no quería ni podía. Elcano no sabía”. El historiador portugués José Manuel García baja del pedestal a los dos protagonistas de la primera circunnavegación a la Tierra, que va a celebrar los 500 años entre polémicas por los fastos conmemorativos y sus meritocracias nacionalistas; la iniciativa de Portugal de incluir la Ruta de Magallanes en su lista de candidaturas al Patrimonio Mundial de la Unesco, enviada en enero de 2017, magnificaba al explorador portugués y se olvidaba de quien organizó y pagó el viaje (España) y de quien completó la vuelta (Elcano).
Esto ha despertado críticas en España —pese a que los dos Gobiernos han aclarado que habrá una candidatura conjunta en la Unesco y que invitarán a participar a Argentina, Brasil o Filipinas—, avivadas por el hecho de que los actos del V centenario de la expedición en el país luso se centran solo en Magallanes. “Portugal, al igual que España, es libre de conmemorar como desee sus gestas históricas”, dicen desde el Ministerio de Cultura español.
Lo que no van a cambiar ni las polémicas ni las celebraciones es lo que dice la historia sobre aquella expedición, una gesta que inició un portugués que ya era famoso, Fernando de Magallanes (1480-1521), y acabó un secundario, Juan Sebastián Elcano (1476-1526), que tuvo el acierto de estar en el lugar adecuado y en el momento justo de la historia.
“No hay polémica posible. No hay dos versiones de la historia, sino una: la que surge de los documentos”, zanja Carlos Martínez Shaw, que dirigió en Valladolid el congreso Primus circumdedisti me, cuyas charlas ahora se editan en un libro y también coordinador del último número de la revista Andalucía en la Historia del Centro de Estudios Andaluces titulado La primera vuelta al mundo. “Fuiste el primero que la vuelta me diste”, reza el escudo de armas que le concedió el rey Carlos V a Elcano. Aunque para historiadores como Queirós Veloso o Samuel Eliot Morison, el primero fue Magallanes. Todo según se mire.
 
Amigos y colegas, Manuel García y Martínez Shaw marcan aquí diferencias. Para García, Magallanes dio la vuelta al mundo antes, pero de otra forma. “Su objetivo era llegar a las Molucas [en la actual Indonesia] por Occidente. Como en 1512 lo había hecho por Oriente, en puridad ya había circunnavegado la Tierra al llegar a Filipinas, aunque en dos etapas”.
 
Martínez Shaw califica de ridículas las versiones históricas que se desmarcan de los hechos “por fines políticos o absurdos nacionalismos”. “El viaje lo pagan en un 29% los comerciantes burgaleses asentados en Sevilla y el resto, la corona española. A la hora de zarpar, la Corte cree que hay un poder excesivo portugués y el rey deja en tierra a parte de la tripulación de esa nacionalidad y al cortesano Juan de Cartagena le nombra ‘veedor’ de la Corona en el viaje para contrarrestar el peso de Magallanes”.
Este, por su parte, consiguió en España la ayuda que no tuvo en Portugal. “A don Manuel, el rey portugués, Magallanes le propone ir a las Molucas [fundamental en el comercio de las especias] navegando hacia el Oriente y al español se lo propone viajando por Occidente para, en cada caso, respetar el Tratado de Tordesillas”, insiste García, autor del libro El viaje de Fernando de Magallanes y los portugueses. “El rey portugués despreció el plan porque ya habían ido a las Molucas”, recuerda el historiador. El rey español le advierte a Magallanes en las capitulaciones de Valladolid (1518): “No descubráis ni hagáis cosa en la demarcación y límites del sacratísimo rey de Portugal, mi muy caro y muy amado tío y hermano, ni en perjuicio suyo”. Una vez en la mar, el respeto entre reyes no contagió a los 239 marineros, de nueve naciones. “Magallanes tenía el mando sobre la Armada y nunca le reconoció autoridad a Cartagena”, señala García. “Era el único que conocía la ruta; los españoles no tenían nada que decir pues nunca habían navegado hasta Brasil y no iba a escuchar sus opiniones”.
El malestar de Cartagena y los otros capitanes españoles acaba en el motín de San Julián, el 30 de marzo de 1520. Aunque los portugueses eran solo 32, Magallanes apagó la rebelión, principalmente española. “La mayoría se puso de su lado, porque era el que sabía de navegación”, según García. Para Martínez Shaw fue una cuestión de coraje. “Magallanes le dio un espadazo al cabecilla y los demás se achicaron”.
Fueron condenados a muerte 44 rebeldes. Magallanes descabezó, literalmente, la línea de mando: Luis de Mendoza (al frente del barco Victoria) y Gaspar de Quesada (Concepción) fueron decapitados; a Cartagena (San Antonio), por respeto al rey, y al cura Pedro Sánchez, por respeto a la iglesia, los dejó en una isla y hasta hoy. Cuando iba a seguir con las ejecuciones, Magallanes calculó que se quedaba sin tripulación y le perdonó la vida al resto, entre ellos, a un tal Juan Sebastián Elcano.
“Embarcó como uno más”, señala Martínez Shaw. “Hasta la llegada a Filipinas, su protagonismo era nulo. Ocupaba el cuarto escalafón en la cadena de mando del Victoria, después del capitán, el piloto y el maestre”, dice García.
La buena estrella de Elcano solo acababa de empezar. Dicen que cayó enfermo cuando Magallanes se fue a guerrear contra los indígenas en Mactán, donde encontró la muerte. Con las escabechinas siguió corriendo la línea de mando, pero ni así le llegaba el turno a Elcano. “Fue la quinta opción de mando de la flota después de Magallanes, Barbosa, Carvalho y Espinosa”, explica García. “Es cierto que había pilotos y otros mandos por lo que cabe deducir que en esos seis meses perdidos por Filipinas, se destacó como líder”.
Estuvo un año al mando del Victoria, de agosto de 1521 al 6 de septiembre de 1522, cuando llegó a Sanlúcar de Barrameda. “Elcano dio la vuelta al mundo ilegalmente, pues cruzó aguas portuguesas, y por desesperación, pues las encalmadas le impedían dirigirse por la ruta de Panamá”, señala García. “La primera vuelta al mundo”, resume Martínez Shaw, “se completó por casualidad. El objetivo era comprar clavo en las Molucas y reivindicar las islas como españolas, nada más”.
Hay que distribuir los méritos, resume el historiador portugués: “Fue una expedición española con la colaboración de marineros de nueve países al mando científico del portugués Magallanes, completada por el arrojo de Elcano”.
 
UNA DOBLE CELEBRACIÓN SIN “PROGRAMACIÓN CONJUNTA”, JUAN A. AUNIÓN
 
La comisión española para la conmemoración del V Centenario de la expedición de Magallanes y Elcano, constituida en junio de 2017, tiene previstos 126 proyectos, con un presupuesto de 174 millones de euros aportados por el Gobierno central, comunidades autónomas, diputaciones, Ayuntamientos y entidades privadas, explican en Cultura. Aunque “no hay una comisión mixta hispano-portuguesa que plantee una programación conjunta”, sí habrá “algunos proyectos audiovisuales, escénicos o náuticos que circulen o giren por ambos países y se llevarán a cabo iniciativas de manera conjunta, como la travesía de los buques-escuela Sagres y Juan Sebastián Elcano”. En el caso portugués, la comisión se creó el año pasado y estaba dirigida por José Marques, exalcalde de Sabrosa, municipio que se declara lugar de nacimiento de Magallanes y del que partió la polémica (y ya superada) iniciativa de presentar la ruta en la Unesco. El ministro luso de Exteriores, Augusto Santos Silva, sustituyó recientemente a Marques al frente de la comisión.
 
LA ABSURDA MUERTE DE MAGALLANES
Los dos historiadores no encuentran una explicación a la actuación de Magallanes en las islas Filipinas y concretamente a su muerte en una batalla con un cacique indígena, cuando la mayoría habían colmado de honores a los navegantes. La interpretación de García -”puramente especulativa”- es que Magallanes estaba harto del viaje, “iba con retraso, atrapado en la sislas y, sobre todo, se había dado cuenta que había errado en sus cálculos: las Malucas eran portuguesas y no españolas. Había errado por escasos cinco grados, pero suficientes para que las islas cayeran del lado que no le había pagado la aventura”.
 
Martínez Shaw, sin embargo, tiene otra interpretación, más hispana. “Yo creo que Magallanes se había imbuido del espíritu imperialista y conquistador de la corona de Castilla y quería darle al rey -aunque no se lo había pedido- el dominio de más territorios y la conversión de sus indígenas al catolicismo, quizás como prueba de agradecimiento o de futuras recompensas”.

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