En Ciencias quieren más Letras

 En Ciencias quieren más Letras

Luis Alemany – Madrid ( http://www.elmundo.es/especiales/educacion/humanidades.html )

Una ingeniera, un arquitecto, un médico y un economista explican el valor de las Humanidades en sus disciplinas y lamentan el aislamiento entre las dos ramas del saber

La mayoría de nosotros no hicimos Filosofía ni tenemos mucho interés por el teatro barroco. Si nos gusta la música, que claro que nos gusta, no es por la asignatura del Bachillerato. ¿Sirvió para algo estudiar a Sócrates y a Baroja a los 16 años? ¿Aprender a leer una partitura? ¿Memorizar el genitivo en BUP? El abandono de las Humanidades en la educación es un asunto sobre el que se discute con frecuencia. Adiós al griego, adiós al latín, menos Historia… ¿Es real ese abandono o no es para tanto? ¿Es inevitable? ¿A qué nos lleva?

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Esas preguntas las suelen contestar admirables catedráticos de Filosofía y académicos de la lengua, deprimidos por la extinción de su cultura. ¿Qué van a decir? Qué desastre todo. Cambiemos ahora el foco: y la gente que ha hecho carreras técnicas y de ciencias, ¿qué dice de la melancolía de las Humanidades?

Van tres preguntas sencillas: ¿se nota para bien cuando un alumno o un colega trae equipaje de letras? ¿Es frecuente encontrar compañeros de éxito que sean básicamente unos ignorantes fuera de su disciplina? Y tercero: si pudieran influir en los planes de estudios, si pudieran decir: «En cuanto a Humanidades, necesitamos que los alumnos sepan esto y puedan hacer aquello»… ¿qué pedirían? Contestan una ingeniera, un arquitecto, un economista y un médico. Y, en resumen, todos están de acuerdo: las Humanidades no son ajenas a su oficio; todos quieren más formación humanística. O mejor.

La respuesta más extensa es la de Eva Navarro, cuya especialidad, explica, está entre la Robótica y las Matemáticas. Dirige grupos de investigación en Manchester y, además, pinta. «Hay un enfoque erróneo, separar a la gente en cajas: en España se dice: ‘Soy de Ciencias, y puedo ser un ignorante en todo lo de Letras; soy de Letras y se me perdona ser un ignorante en Ciencias’. Es un error básico. ¡La Ciencia es parte de las Humanidades!».
«En general, en las ramas de Ingeniería y Tecnología es difícil encontrar a gente con un equipaje de Letras. Tenemos dos graves problemas: primero, se tiende a ser insular (en España, por ejemplo, no se fomenta el trabajo en equipo, como en el Reino Unido) y, segundo, el bajo número de mujeres (en algunas áreas como la computación decrece, ¡y venimos de números muy bajos!)». Y con pocas mujeres, opina Navarro, su disciplina «se brutaliza».

Entonces, al ingeniero que lee algo, lo que sea pero lee, ¿se le nota? Sí. «Es más flexible, generoso y abierto en la forma de trabajar, mucho más creativo y, además, cuida más a la gente de sus equipos: las Humanidades te hacen más inteligente emocionalmente. Y esto lo ves dentro y fuera del trabajo». Un ejemplo: el trabajo fuera del laboratorio, en la clase. «Como docente, las Humanidades me dan generosidad para escuchar a mis alumnos y creatividad para romper formas de enseñar clásicas en el aula».

Y si pudiera influir en los planes de estudios… «Necesito urgentemente que los estudiantes no tengan faltas de ortografía y sean capaces de articular ideas por escrito. Además, y fundamentalmente, hay que animarlos a observar el mundo, a tener un pensamiento crítico, a conocer su historia, a pensar, a escribir, a conocer otras culturas a través de sus idiomas. También pediría que en las ramas de Letras enseñaran más Ciencia y Matemáticas».
Patxi Mangado, arquitecto, premio FAD y profesor en Navarra y en Yale, está en la misma línea: «La devaluación del conocimiento en Humanidades es un drama. Es inimaginable hacer buena arquitectura sin entender algo de Historia, de política y de cultura. Sin poder articular situaciones complejas».

«Un proyecto de arquitectura es forma, pero, sin sentido, se vuelve formalismo, se banaliza. Todos los proyectos tienen una dimensión ética. Son un modelo de crítica social y propositivo. ¿Cómo vamos a proponer y criticar sin saber leer el mundo que nos rodea? El pasado es eficaz».
Y ¿no le ocurre que, a veces, se encuentra con alumnos que tienen un talento intuitivo sin tener mucho interés por nada en particular? «Lo de la intuición es un malentendido. No hay intuición posible que no venga del conocimiento. Pueden ser eficaces, no más. A mí me dan pena esos casos, la capacidad perdida…».

Y termina: «De los alumnos espero que tengan sentido crítico. No pido conocimientos concretos. Sólo mentes abiertas con sentido crítico».

Alguien dirá que los arquitectos siempre han sido diferentes. Pero también está el tópico del médico humanista. Francisco Igea es doctor, especialista en el sistema digestivo y diputado de Ciudadanos en el Congreso. Esta primavera expuso la ponencia del debate de la Ley de la Muerte Digna. «Había una broma que decía que el médico humanista es un peligro, porque habrá que ver de dónde saca el tiempo para leer. Yo pienso lo contrario: si encuentro un médico que no lee, sospecho».
Porque diagnosticar es como leer al paciente, ¿verdad? «Parte de nuestro trabajo es la empatía, ponernos en el lugar de los otros. ¿Y dónde se aprende más empatía que en la literatura?» Así que Igea pide estudiantes con el hábito de la lectura grabado en su educación, nada más. «La preparación técnica cada vez nos exige más tiempo y los jóvenes se obsesionan con el protocolo. El protocolo, el protocolo… Y yo les digo: ‘¿Sabes cuál es el protocolo? Haz como si el paciente fuera tu madre’».

Falta el economista. Erik Schiele es alemán, da clases en el Instituto de Empresa y carga con una educación atípica. «Hasta los 18 años me dediqué básicamente a estudiar Latín en el instituto con más tradición de Stuttgart». Lo cuenta como un tesoro. «Me quedó el pensamiento estructurado. Me preparó para enfrentarme a problemas».
¿Qué pasa cuando llega un alumno en el que se intuye algo diferente? «Tienen una ventaja, algo que los chicos que se han enfocado en el management no pueden tener. Pueden reflexionar mejor ».
Schiele también diseña los talleres de Ética del IE. «Analizamos qué es lo correcto. Cómo nos metemos en trampas. Qué dilemas nos esperan… Eso es lo que debatimos en clase». Y ahí, explica, las Humanidades también importan.

«¿Que qué pediría? Pido mejor comprensión lectora, mejor habilidad en la redacción, que los alumnos puedan expresar bien un argumento por escrito, apertura mental y sentido crítico». No es tanto.

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